EXPLOSIÓN DE AGUA Y VIDA
Cabra amanece en rumor de fuentes,en la voz antigua que brota de la montaña,
donde la lluvia ha encendido sus antorchas líquidas
en el hilo transparente que aprende
el nombre secreto de las piedras.
Ha llovido largo, como si el cielo recordara
viejas promesas olvidadas entre olivares y cal.
Han despertado las venas dormidas del monte
obsequiando agua en torrentes de vida,
en acequias que cantan bajo la hierba,
en la piel verde de los campos
que respiran otra vez su infancia.
Las calles beben reflejos,
los tejados sostienen nubes recién nacidas,
y cada gota es un latido
que renueva la memoria del sur.
Cabra, ciudad del agua,
vientre de manantiales visibles e invisibles,
corazón donde la lluvia se hace destino
y el silencio germina.
Hoy la tierra se levanta mojada y luminosa,
como si alguien hubiese abierto
las puertas secretas del tiempo
para que entrara la esperanza.
Crece la vida en las raíces que nadie ve,
porque el agua no solo cae:
recuerda, despierta, nombra y anhela.
Y Cabra — ciudad del agua —
se reconoce a sí misma
en el espejo de su propia abundancia.
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